EL IMPLANTE AUDITIVO, Y VARIAS PREOCUPACIONES SOBRE SU USO

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Mientras tratamos el implante auditivo como la octava maravilla del mundo, no podemos olvidar los varios miedos asociados con tenerlo. Por un lado, la gran alegría “Nuestro hijo tiene la oportunidad de vivir en el mundo de los sonidos, el mundo en el que vivimos”, y por otro lado, el miedo a las situaciones que desgraciadamente nos esperan a cada uno de nosotros.

Hay que tener en cuenta esto y vale la pena prepararse para ello antes. Al principio tenemos que darnos cuenta de que habrá situaciones en las que el niño se quedará sin procesador y por lo tanto no podrá oír. Tal situación es, por ejemplo, el baño diario del niño. Por desgracia, los procesadores de voz no son impermeables y hay que tener cuidado de no mojarlos. Lo más seguro es quitarse el procesador de voz para bañarse. Si está pensando en ir al mar, a un lago o a una piscina, vale la pena invertir en sistemas acuáticos especiales que protegerán su procesador de la humedad. Lo más importante es que hay soluciones para este tipo de situaciones y no nos privaremos del contacto verbal con el niño durante el frenesí de agua al aire libre. Otra situación en la que un niño se quedará sin el procesador es el sueño del niño. Aunque durante este tiempo el niño simplemente duerme y puede que no se dé cuenta de que no tiene “sentido del oído”, hay situaciones en las que el niño se despierta durante la noche y necesita hablar con nosotros. Por la noche solemos poner el procesador en un deshumidificador especial que se encarga de nuestro dispositivo. Por lo tanto, vale la pena pensar, por ejemplo, en frases básicas del lenguaje de signos que podamos comunicar con nuestro hijo. A veces, unos pocos gestos simples son suficientes para explicarle a su hijo ciertas cosas sin complicaciones.

Otro temor a utilizar el procesador es el miedo a que se rompa (“después de todo, es un aparato tan pequeño, frágil y delicado”) y también a perder el equipo. No es difícil proteger a su hijo de todas las caídas y efectos de las diversas actividades. Después de todo, todo tipo de movilidad y juego activo están inscritos en la naturaleza de un niño. Después de todo, no queremos limitar a nuestros hijos en todo. Queremos que puedan vivir como cualquier otro niño y disfrutar de las diversas formas de entretenimiento disponibles, como las salas de juego. Vale la pena pensar en los accesorios que ayudarán a su hijo a usar el procesador de forma correcta y segura. Estoy pensando en todo tipo de bandas de apoyo y colgantes para evitar caídas y pérdidas. En nuestra página web hay muchas soluciones disponibles para usar el procesador. Otra cuestión es el seguro del equipo en sí. También deberías pensarlo de antemano, porque es un equipo caro y su reparación es igualmente cara.

Cuando nosotros, los padres, ya hayamos adoptado este nuevo equipo y su mantenimiento no nos causará muchos problemas, queda la cuestión de confiar nuestro hijo implantado al cuidado de otras personas. Ya sea una abuela, una niñera, una guardería o un jardín de infantes, vale la pena, además de seguir las pautas anteriores (es decir, la protección contra caídas), simplemente enseñar a estas personas cómo operar el equipo de una manera básica. La persona a la que confiamos el cuidado de nuestro hijo simplemente tiene que ser capaz de hacer cosas tan básicas como cambiar la pila o la batería. No hay ninguna medida milagrosa aquí. Aunque podemos intentar asegurarnos de que las baterías de su hijo estén siempre completamente cargadas, puede ocurrir que la batería o el acumulador simplemente se quede sin energía. En esta situación, el niño puede estar irritable y exigir que le devuelvan su “oreja”. Y los cuidadores no podrán comunicarse con nuestro hijo, que no escuchará sus mensajes. Para evitar esta frustración mutua, simplemente tenemos que asegurarnos de que estas personas no tengan miedo de tomar las medidas adecuadas para cambiar la(s) pila(s). También tenemos que superar nuestros miedos y explicar de forma clara y legible, y sobre todo, mostrar cómo funciona el procesador. Demostrar cómo es el cambio de batería y enseñar a otras personas cómo hacerlo. No hay otro consejo.

Con el tiempo, el miedo desaparecerá, y tales actividades se convertirán en situaciones mecánicas como el atado de zapatos. Todo esto, aunque nos parezca complicado ahora, se convertirá en un verdadero hábito con el tiempo.

El punto es ser consciente de que tales situaciones pueden ocurrirnos. Preparémonos para ellos para que nada de eso nos sorprenda. Entonces será más fácil pasar por todo el proceso.

 

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