Cuando nació mi sobrina Hela hace cinco años, sus padres comenzaron a preocuparse al ver que su hija no reaccionaba a los estímulos de la misma forma que otros bebés de su edad. Decidieron llevarla a un especialista que, tras diversas pruebas diagnóstico una sordera del 85%. Una vez asimilada la noticia, nos comunicaron que la única solución a esta discapacidad era un implante coclear. La operación para introducir el implante coclear se llevó a cabo cuando la niña tenía sólo 6 meses de edad.

Tras el implante, se sumergieron en este mundo y conocieron a otros padres y niños con el mismo problema. ¿Y qué implica entrar en el mundo de los “implantados”?: coste económico, intentar normalizar esta discapacidad y que la niña sea feliz.

A parte de todo lo relacionado con la enfermedad en sí, médicos, hospitales, rehabilitación…, una de las cosas que más les preocupa a los niños y niñas con implantes cocleares cuando se hacen más mayores es la estética y la visibilidad del implante. En una reunión familiar hablando sobre todo lo que implica la discapacidad, el coste económico de los implantes (que además de caros son muy delicados) y que la niña se sintiese como una princesa y que los demás la vieran como tal comenzamos a buscar soluciones.

Tras pasar muchas horas en frente del ordenador investigando las maneras de “vestir” a nuestra princesa y no encontrar nada que se adaptara a sus necesidades tanto funcionales como estéticas decidimos ponernos manos a la obra y crear algo nuestro para la niña. Así nacieron las primeras cintas Smartear. Conseguimos reunir en las cintas las dos utilidades básicas: sujeción y estética y confeccionamos las 10 primeras bandas que se adaptaban a los implantes de la marca Cochlear.

Nuestro siguiente paso fue intentar que la niña no rechazase nuestra idea, así que se lo propusimos como un juego divertido en el que ella se sintiese especial. Fue muy fácil porque ella cogió la idea y en cuestión de un mes su madre tuvo que confeccionar 20 cintas más para combinar con el “modelito” de cada día. Hela visitaba el hospital para sus revisiones y rehabilitación y cada día con una cinta nueva; y en una de sus visitas ordinarias al centro Kayetan, el personal de la farmacia hospitalaria preguntó a sus padres por la banda que llevaba Hela. En un principio se asustaron pensando que perjudicaba el funcionamiento del aparato pero resultó ser todo lo contrario; les parecía una idea genial para la sujeción del mismo. Los farmacéuticos nos explicaron que había muchas personas con el mismo problema y que no encontraban solución para proteger los implantes contra caída o pérdida del mismo. Anteriormente habíamos observado, en los campamentos de integración Medel, que los niños y adolescentes llevaban bandas deportivas de marcas de grandes almacenes pero este tipo de cintas no reunían la principal función que era la protección del aparato y además no eran personalizadas.
En pocas semanas, después de la conversación con el personal de farmacia, estos se pusieron en contacto con mi hermana para pedir una partida de cintas. En principio no nos pareció buena idea ya que las cintas de Hela eran algo especial pensado para ella, para nuestra princesita, pero por otra parte pensamos en todos los niños y adolescentes con sordera y en sus padres y aceptamos la idea de fabricar una partida de cintas para la farmacia. Eso ocurrió hace 3 años.

Smartear es una empresa familiar que ha brotado con la intención de buscar soluciones a los problemas que vayan surgiendo en la vida de Hela y luego intentar que los niños, adolescentes y adultos con la misma discapacidad puedan solucionarlos también. No ha sido creada con el enfoque comercial. Pasamos muchas horas al teléfono o en los foros, intercambiando las ideas y compartiendo los problemas diarios. En 3 años de nuestra existencia salimos fuera de Polonia. Nuestras bandas las llevan niños de aproximadamente 80 países diferentes. En la última etapa tuvimos muchas peticiones desde España y decidimos abrir la filial SmartearES para poder entender y cubrir mejor las necesidades de este mercado.